En un entorno de dinero caro, la estructura de capital vuelve a ser una decisión estratégica de primer nivel.
El fin del dinero barato cambió las reglas. Proyectos que ayer se financiaban con deuda abundante hoy deben justificar cada punto de retorno frente a un costo de capital más exigente.
Las compañías disciplinadas priorizan flujo sobre crecimiento a cualquier precio: optimizan capital de trabajo, renegocian plazos y eligen con cuidado qué inversiones defender.
La buena noticia es que un entorno de tasas altas premia a los operadores sólidos y castiga la especulación. Para los balances sanos, es una ventana de consolidación.