Las grandes empresas descubren que la velocidad de la innovación externa supera a la de sus laboratorios internos.
La innovación abierta parte de una premisa incómoda para cualquier corporativo: el mejor conocimiento no siempre está adentro. Colaborar con startups permite acceder a tecnología y talento sin cargar con toda la estructura.
Los programas exitosos comparten un rasgo: tratan a la startup como socia, no como proveedora. Contratos ágiles, pilotos pagados y métricas claras evitan que la relación muera en el comité de compras.
Cuando funciona, ambas partes ganan: la corporación acelera su portafolio y la startup accede a distribución y credibilidad de mercado.