El estrés hídrico se convierte en un riesgo operativo y financiero de primer orden para industrias enteras.
El agua, largamente subvaluada, empieza a cotizar su verdadera escasez. Sequías, competencia por el recurso y regulación más estricta amenazan la continuidad de operaciones intensivas en consumo.
Gestionar el riesgo hídrico implica conocer la exposición de cada planta, invertir en eficiencia y reúso, y colaborar con las comunidades y cuencas donde se opera.
Las empresas que anticipan la crisis del agua protegen su licencia para operar; las que la ignoran, descubren que ningún negocio funciona sin ella.